AQUÍ NO PASA NADA

No son pocos los que frente al drama que vive la inmensa mayoría de los venezolanos, frente a la tragedia de vivir en estos tiempos de hambre, miseria y represión, en tiempos de la mayor estafa que haya podido sucederle a pueblo sediento de cambio alguno, frente a las crecientes manifestaciones de protestas que a diario se escenifican en cualquier rincón de Venezuela, afirman que; “… aquí no pasa nada…”. No dudo que, quienes sostienen eso, sientan angustia y desasosiego por lo que pasa, pero tampoco dudo que entre ellos anida buena parte de los primeros que pierden las esperanzas de una salida a la crisis, también de los que quisieran abandonar el barco llamado Venezuela. La última razón para la desesperanza es el resultado del reciente debate en la OEA; exclaman con resignación que ¡ahora si estamos desamparados!, esperaban que la activación de la Carta Democrática significará la salida, ipso facto, de Maduro de la presidencia, cómo esperan, algunos, desde hace tiempo que los militares se alcen o que los gringos intervengan. El escepticismo que les caracteriza no les permite ver que, desde el punto de vista internacional, el debate escenificado en la OEA y la posición asumida por el Secretario General de este organismo, incluso la decisión tomada por la mayoría de los países constituye un claro reconocimiento de la gravedad de la situación política y económica venezolana (de lo contrario ni se habrían molestado en tratarla), abriendo perspectivas para decisiones de mayor envergadura, pasando por la propia activación de la carta en cuestión. Tampoco son capaces de advertir que hay un pueblo volcado a las calles, hambriento, descontento y que, a pesar de que aun no se logra articular toda su fuerza, es una clara expresión del creciente malestar que anida entre los venezolanos y, sobre todo, de la disposición a luchar por sus reivindicaciones inmediatas y el cambio político. Olvidan, tras el aquí nada pasa, que a pesar de las trabas y el chantaje no solo se recogieron las firmas para solicitar la activación del referéndum revocatorio, sino que el firmazo fue tan monumental que al régimen, pataleo de por medio, no le quedará más que admitir la validez de las mismas. Tampoco recuerdan que, a propósito de las elecciones del pasado 6D, buena parte de estos escépticos señalaron la imposibilidad de derrotar al régimen en virtud de su control del CNE, y de las cacareadas tesis, echadas a correr por el propio régimen, de la falta de secreto en el voto o de la manipulación de las maquinas electorales. En fin, no alcanzan a ver, en la pérdida de legitimidad y reconocimiento internacional, en el desmoronamiento de la unidad interna de los factores que sostienen al régimen, en la acción de la dirigencia opositora, pero especialmente en la acción popular y en las manifestaciones crecientes de repudio a la barbarie fascista que hoy socava a Venezuela, perspectivas de cambio, no alcanzan a ver que ni el pueblo está dispuesto a dejar que lo sigan gobernando como hasta ahora ni el régimen está en condiciones de seguirlo haciendo…, y no pueden verlo por cuanto, aun reconociéndose como más opositores que cualquiera, se mantienen alejados de la lucha por el cambio político. Esperar que aquí pase algo desde la condición de espectador, desde la no participación, desde el lamento, no es aleccionador ni tampoco ayuda a que puedan producirse los cambios urgentes que demanda la mayoría del pueblo y que son necesarios para empezar a transitar una ruta en la que pueda reconstruirse a Venezuela. Esperar que todos se vuelquen a la calle también es una utopía, lo sé, pero algo pueden hacer más que esperar; organizar y promover campañas 2.0, difundir información o denuncias fidedignas que estimulen la lucha, recabar o acopiar y proveer recursos para propaganda, comunicación, traslado, reuniones, organizar conversatorios o reuniones, apoyar en convocatorias de asambleas ciudadanas, son cosas que, para quienes no quieran arriesgar mucho, son importantísimas en esta lucha que, a fin de cuentas, es la opción que queda para quienes creemos que una Venezuela diferente es posible. No será la decisión de organismo internacional alguno, por importante que sea, la que nos salvará, no será la acción de militar alguno (no más militares), la que nos salvará, no será la intervención gringa la que nos salvará, ni la esperada comprobación (no se por quién), de la supuesta nacionalidad colombiana de Maduro la que nos salvará, será la movilización y organización popular la única que podrá salvar a la patria del caos y conducir a Venezuela por derroteros de bienestar y progreso. 030616

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