LA NUEVA POLÍTICA

Puede ser de cualquier cosa… ¿um de cualquier cosa?, otra vez en esta situación, si ya me había pasado, pero ahí vamos con estas ideas. Ya lo tengo, hablemos sobre la nueva política, que considero debí ponerla entre comillas, por lo de nueva, y es que hace rato tuve algunas diferencias con un amigo en relación al tema de la nueva política. Alrededor de la diatriba giraron consideraciones, entre quienes estábamos en esa conversación, relativas al análisis correcto de la realidad, así como al de los mejores nombres para la Asamblea Nacional.
Comencemos por esto último. La oposición venezolana (la falconiana en particular), además de edificar una propuesta de país y una agenda parlamentaria que genere entusiasmo entre los electores, ha de presentar los mejores nombres-hombres que tenga disponible para que la representen en la Asamblea Nacional. Aun con lo odioso que pudiera resultar ser la expresión relativa a los mejores nombres-hombres, por el sesgo que pudiera estar implícito en ello, supone la revisión de algunas candidaturas que, por ser emblemáticas del pasado reciente que facilitó el ascenso de Chávez al poder, podrían hacer que la alternativa de cambio arranque con plomo en el ala, cuestión que sólo podrá ser resuelta por la vía del verdadero sentido común y sacrificio por la patria, más allá del establecimiento de algunos criterios o perfiles generales de los aspirantes.
Es importante recordar que si bien es cierto la gente se encuentra hastiada de este régimen, tampoco aspira regresar a los tiempos anteriores a Chávez, por lo que se impone la necesidad de presentar un liderazgo renovado y capaz, creíble, para enfrentar con éxito la actual coyuntura política y avanzar en el establecimiento de una sociedad realmente democrática.
Bien, pero quiero insistir, antes de pasar a la siguiente idea, que es necesario que junto con nombres-hombres, se presente una agenda parlamentaria que además de insertarse en la dinámica concreta de luchas que caracteriza al país hoy día, de una visión prospectiva de una nueva sociedad en la que el imperio de la ley, justa, democrática, se haga realidad.
El análisis correcto de la situación política actual de qué depende…, sin lugar a dudas de la formación política e ideológica que el analista tenga. No en balde la caracterización del régimen actual pasa por quienes lo consideran comunista, hasta quienes lo consideran fascista, pasando por todos los escalones que pueda encontrarse en su camino, así como por aquellos que juntan comunismo y fascismo. Sin embargo, aproximarse a una caracterización correcta del régimen, ayuda a la definición adecuada de una táctica política que apunte en la dirección de avanzar en la conquista de una nueva mayoría, para lo que es necesario pasar del lugar común de los (des)calificativos, del cliché, al análisis objetivo de los elementos que permitan desnudar la naturaleza de clase del régimen.
En medio de todo esto, es importante reflexionar sobre eso que se ha dado en llamar la “nueva política”, ahora si entre comillas, expresión que ya desde finales del pasado siglo acuñaron con bastante sentido estratégico, y de la oportunidad, las fuerzas que pasaron a hegemonizar el mundo tras la caída del muro de Berlín y el desplome, material, del llamado comunismo europeo; el neoliberalismo que, en lo político, ha venido avanzando, especialmente en los países dependientes, bajo la premisa de la necesidad de sustituir a los partidos y a su dirigencia por nuevas formas de hacer política, en la que a la sociedad civil, despotricando de la política, se le confieren roles estelares en lo político, para terminar conformando nuevos partidos en el ejercicio de la función de gobierno. Chávez es hijo de la política de la anti política, tesis que muchos pretenden reeditar hoy día. Pero, ¿qué de nuevo tiene la política neoliberal?, nada, sólo el ropaje, las siglas y el discurso que algunos ofrecen, amparados en la supuesta voluntad popular, que es la voluntad de la dominación neoliberal, sin importar si se tiene o no un discurso “antiimperialista”.
La nueva política supone, esencialmente, encontrar la congruencia pérdida entre discursos y acciones, actuar de forma honesta y democrática y, muy particularmente, asumir la defensa de los intereses de la mayoría de los venezolanos que, tanto en la cuarta como en la quinta, han sido vilmente engañados por quienes han ejercido el poder.

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