LA PASIVIDAD NO CALMARÁ TU HAMBRE

En los últimos años, especialmente al inicio de cada uno de ellos, dentro de la lista de buenos propósitos y metas estaba el de hacer ejercicios, rebajar de peso y recuperar la forma física. Debo decir que este año si he avanzado en eso; sin hacer ejercicios, he rebajado de peso significativamente. Después de todo, alguna cosa “buena” debería dejarme la estafa de revolución que saquea a Venezuela. Y es que, levantarse sin saber qué comer, no por la variedad para escoger sino por la escasez y la carestía, encontrar para comprar, caminar hasta el mercado municipal, no importa lo lejos que quede, pues el carro está sin cauchos y la posibilidad de comprarlos en lo inmediato es remota, pisar con cuidado para que los zapatos no sufran mucho, pues comprar otros es un suplicio, llegar y sacar cuentas para saber que no todo lo que pensaba comprar es posible hacerlo, de vuelta a casa, sudado y en medio del apagón bolivariano, preparar unas “suculentas” arepas, de masa de maíz pelado (pues harina de maíz no se encuentra), con un trozo de queso, que fue para lo que finalmente alcanzó; la primera con olor a queso, la segunda con mordisquitos, casi pellizcos, de queso y la última con una buena mordida de queso, para sentir al final el sabor de éste, en medio del remordimiento que causa saber lo mal que están comiendo mis hijos y lo peor que la están pasando millones de venezolanos, no puede más que producir delgadez. Sacaba cuentas con la idea de comer al menos tres veces al día (platos con contornos exiguos), sin mayores ambiciones de que alguna delicatese, ni tampoco alguna meriendita, se atravesara en la austera dieta y, para eso, sólo para eso, hace un par de semanas atrás (ya hoy es 25 de mayo del 2016), necesitaba disponer de al menos Bs. 78 mil al mes, a lo que habría que sumar, aceite, adobos y otras cosas necesarias para cocinar y sazonar. Lo que cuento no es cuento, nadie me lo ha contado reitero, pues soy el protagonista de esta historia de hambre que azota a la inmensa mayoría de los venezolanos; niños, adolescentes, adultos y ancianos, con empleo o sin empleo, profesionales o no, religiosos o no, civiles, policías y militares (esos que usa el régimen para reprimir al pueblo que lucha), chavistas, opositores e indiferentes, todos. No hay que ser muy inteligente para saber que si una familia tiene 5 miembros, necesita, hoy día, unos Bs. 390 mil al mes para comer, sin desvíos ni complacencia de antojo alguno, menos para útiles escolares, ropa, calzado, medicinas, consultas médicas, exámenes de laboratorio, recreación, diversión, rumba. Medianamente puede cumplir con otras obligaciones, “fallando” de la comida para atender el pago de servicios carísimos y cada vez mas deficientes como el agua (semanas y meses enteros pasan ciudades y pueblos sin este servicio que deben pagar a precios elevados en camiones cisternas); energía eléctrica, racionada e inestable; telefonía, deficiente y costosa; internet, entre los más lentos del mundo, a pesar de tener en órbita par de satélites, entre otros. Tampoco hay que devanarse los sesos para entender que con un salario mínimo, mas bono de alimentación, que ronda los Bs. 30 mil al mes, ni con un salario de profesor universitario a dedicación exclusiva (unos Bs. 50 mil al mes), ni con la bolsa de comida que, vía consejos comunales, vende Mercal, lo que se extiende en Venezuela, dado el vertiginoso ascenso de los precios de los alimentos, medicinas, así como de los bienes y servicios, es el hambre. No obstante la propaganda fascista de la guerra económica, el pueblo cada vez está más claro acerca de quién es el responsable de esta dramática situación; un régimen de mafias que, en nombre de la revolución, ha quebrado la industria nacional para favorecer al capital financiero internacional, a la vieja y a la nueva boliburguesía y han saqueado, sin pudor alguno y de forma sistemática, el erario público y las riquezas nacionales. Mientras el hambre avanza y el desespero aumenta, mostrando a diario saqueos en diversos puntos de la geografía nacional, protestas diversas por falta de agua, electricidad, medicinas, mientras el pueblo clama un cambio político urgente, la prioridad de la MUD, de las organizaciones que hegemonizan la misma, parecieran ser las candidaturas a gobernadores y diputados regionales, pues aunque se haya promovido el referéndum revocatorio, luce inconcebible que no se entienda que sin organización y movilización popular cualquier salida democrática no pasará de ser una ilusión. Jugar a esperar que el estallido social llegue es una aventura que pudiera solo servir para afianzar al régimen en el poder, por ello hoy no admite dilación la organización del pueblo, la unificación de las luchas y el levantamiento de un programa de reconstrucción nacional que movilice al pueblo hasta salir de esta pesadilla. La pasividad no calmará el hambre del pueblo y hoy lo único que se puede perder son las cadenas que nos oprimen. Mientras tanto, me pondré, también, a recuperar mi forma física.

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