PARTICIPACIÓN POPULAR Y CAMBIO POLÍTICO

Cada día son más las personas que, de diversas maneras y por diversos medios, manifiestan su descontento con lo que ocurre en Venezuela. Y es que no hay forma posible de ello no sea así, pues ni el más optimista de los ilusos que creyeron que había llegado una revolución, salvo que forme parte del puñado de bribones que se enriquecen con el hambre del pueblo, se imagino la magnitud del desastre que hoy día vivimos. El ritmo de la inflación y del crecimiento de los precios de los alimentos y de todos los bienes y servicios, sin excepción, está conduciendo al desespero a millones de venezolanos que no encuentran como alimentar a sus familias. El saqueo por hambre es una manifestación cada vez más frecuente que, por ahora, se han producido de manera aislada en diversos puntos de la geografía nacional, como el de la Alcaldía de Timotes y el PDVAL de la misma población, que revelan la rabia ya difícilmente contenida que anida en el pueblo y la podredumbre de la dirigencia que ha usufructuado el patrimonio público. Los constantes ajustes salariales, además de ser una de las expresiones del fracaso de la política económica del régimen, se han quedado bien cortos frente al incremento de los precios de los bienes y servicios, autorizados estos últimos también por el régimen (como por ejemplo el de alimentos y medicinas que ya entraron en vigencia al momento de escribir esto el 14 de mayo del 2016). Si a ello se suma la creciente escasez, resultado del quiebre de la industria nacional para favorecer a la vieja y nueva oligarquía financiera con sus negocios de importación de alimentos, el cuadro es además de dramático altamente explosivo. La impaciencia de la gente ya es difícil de ser contenida y las recientes manifestaciones populares, como el mega firmazo, sirvieron para poner a prueba la disposición por salir de este desastre; frente a lo cual el régimen ha levantado, como era de esperarse, toda clase de barreras inconstitucionales para frenar lo que ya es un clamor nacional; la salida de Maduro y el cambio de gobierno en lo inmediato. Cerrar toda válvula de escape constitucional a la profunda crisis ocasionada por un régimen de mafiosos, pudiera no solo generar desconcierto en muchos, sino también conducir al país hacia escaladas de violencia de distinta naturaleza que hagan más difícil la tragedia de vivir en la Venezuela actual. Salir de este régimen, en consecuencia, no es una alternativa para el pueblo de Venezuela, no es una opción, es un deber ciudadano para poder abrir perspectivas de cambio y progreso en el país. Pero, para que ello sea posible, para sortear las trabas que ha puesto y seguirá poniendo el régimen, la participación y la movilización popular cobran una relevancia fundamental, pues frente a un régimen fascista como el que prevalece en Venezuela, esperar que sea solo la dirigencia opositora (buena parte de ella entretenida en aspiraciones electorales subalternas), la que defina el rumbo y el ritmo del cambio político que con urgencia demanda el pueblo no es lo más acertado. Nada más poderoso que un pueblo organizado y movilizado, un pueblo unido bajo un Programa de Reconstrucción Nacional que, junto a la MUD y a las diversas expresiones de la oposición venezolana, sumen esfuerzos para unir el reclamo popular y las luchas reivindicativas con el cambio político. Es hora de pasar de la queja y el lamento en las redes sociales, de la queja en la conversación familiar o de amistad, de la maldición al régimen, a la iniciativa para sumar fuerzas y esfuerzos, es hora de entender que, sin participación popular no habrá cambio político, es hora de resistir, rebelarse y revocar, en la calle, el desastre.

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