Saturday, September 26, 2009

LA CIUDADANIZACIÓN DE LA POLÍTICA

Me había propuesto abordar el tema de la economía venezolana, particularmente el referido al afianzamiento de la política de importación y, junto con ello, al desmantelamiento de la agricultura y de la industria nacional, pues ha sido exigencia de algunos de los asiduos lectores de este espacio, tema por demás importantísimo para efectos del análisis del régimen y que, definitivamente requiere un espacio alternativo. Sin embargo, entrémosle a otras cosas hoy.
Hoy he estado meditando acerca de la necesidad de la ciudadanización de la política, acerca de la idea de desarrollar una tesis vinculada con el ejercicio ciudadano de la política, idea que, he de confesar, ya la había considerado hace algún tiempo atrás para efectos de un ensayo. Y es que, para tener buenos políticos lo primero que necesitamos es tener buenos ciudadanos.
Es la lógica de la lógica. Nuestra sociedad está plagada de habitantes. Seres humanos que viven en diversas comunidades y que, en honor a la verdad, se diferencian sustancialmente del ciudadano, en tanto éste es consciente y conocedor de sus deberes y derechos, suele ejercitarlos de forma autónoma frente al poder, sin importar la relación circunstancial que con él se tenga, es congruente en su actuación pública, en términos de de la teoría y la práctica, independientemente, insisto, del rol que ocupe en la sociedad. Mientras que, aquellos, cultivan la cultura del “vivismo”, irrespetan sistemáticamente las normas, violentan los acuerdos, mienten descaradamente sobre hechos públicos y notorios y, paradójicamente, en la lógica de la ilógica, se contradicen sin el menor pudor en el ejercicio público según el papel que ocupen en la sociedad; si no estoy con el gobierno defiendo los derechos ciudadanos, si estoy con él justifico la violación de los mismos, por ejemplo.
Formar ciudadanos, entonces, constituye una tarea fundamental de cara a una nueva patria, ciudadanos capaces de, por ejemplo, respetar la luz del semáforo, ceder el paso cuando conduce o camina, sostener una actitud de respeto frente al otro y, en el ejercicio político, cumplir con sus deberes y derechos de manera coherente, mantener una relación de autonomía frente al poder constituido, independientemente de su simpatía o no por él. Ser ciudadano desde lo más sencillo, lo cotidiano, hasta en el ejercicio de la política. Y, aunque suene paradójico, ello es tarea de los políticos, de los políticos ciudadanizados.
Que un dirigente del partido de gobierno sea capaz de defender con la misma vehemencia de otrora los derechos humanos; el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la protesta. Que se oponga al uso de armas de fuego y gases tóxicos en manifestaciones públicas, que condené la persecución, el hostigamiento y la encarcelación por razones políticas, sería observar el ejercicio ciudadano de la política.
Que un dirigente del partido de gobierno condené de forma enérgica el uso abusivo de los bienes públicos, del patrimonio del Estado que se ha puesto al servicio del partido de gobierno, sería avanzar, de manera significativa, en la ciudadanización de la política. Que decir si se actuara en la dirección de sancionar de forma ejemplarizante tales hechos, sin que medie la cualidad política del transgresor, o si el mismo cuenta con el beneplácito o no del jefe de gobierno.
Los ciudadanos son, en alguna medida, ese hombre nuevo que el Che definió; capaces de sentir dolor por aquel que sufre, ese “revolucionario” que, se esperaba, reverdeciera los valores morales vulnerados en la llamada cuarta república pero que, en Venezuela, no sólo los ha mancillado, sino que ha elevado a la máxima potencia la cantidad de vicios y corruptelas que justificaron la irrupción de esta “quinta” república.
Ciudadanizar la política pasa entonces por construir ese ciudadano que ha de ser el soporte para el establecimiento de una nueva sociedad, que sirva de base para la restitución del estado de derecho, para que los poderes ejerzan sus funciones de forma autónoma, sirviendo de contrapeso, y para que se pueda edificar una Venezuela capaz de avanzar de manera sostenida hacia estándares superiores de vida, en tanto cuente con una seguridad jurídica e institucional capaz de extinguir los fantasmas dictatoriales que, como hoy, la rondan.

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