REFLEXIONES SOBRE LA CORRUPCIÓN

Hoy es uno de esos días, de esos momentos, en los que habiendo tantas cosas acerca de las cuales escribir, no terminó (a estas alturas del compromiso), de descongestionar las vías cerebrales para atinar en un tema que permita darle continuidad a las reflexiones hechas hasta ahora desde este espacio. El tráfico está pesado pero, el próximo párrafo parece aliviar el congestionamiento y, seguramente, ayudará a marcar el camino.
Bien, pero como quiera que la dinámica política; la confrontación de ideas, es una necesidad hoy día, creo que, como dicen, por ahí van los tiros de esta esquela. Y es que he estado pensando en algunas de las razones que condujeron a los venezolanos a votar por Chávez, hace más de diez años, para que condujera los destinos de Venezuela. Y una de las razones que más recurrentemente me vienen a la mente es la corrupción.
Hay que ver que en la cuarta, para utilizar las categorías del chavismo, hubo la corrupción pareja. El uso de los bienes y servicios públicos para beneficio de quienes detentaban el poder era una realidad; el tráfico de influencias para hacerse de cargos o de prebendas no podía ocultarse; el cobro de comisiones para la asignación de contratos constituía, casi, una norma; la riqueza mal habida y la súbita prosperidad de muchísimos altos funcionarios tampoco podía disimularse. La podredumbre era tal que, junto a la ausencia de respuestas efectivas para los problemas de la mayoría de los venezolanos, junto a la sistemática violación de los derechos constitucionales, el cambio parecía indetenible y, ahí estaba Chávez encarnando la esperanza de redención para muchos venezolanos.
Poco más de diez años después, tal como señalaba, la corrupción no sólo es uno de los mayores referentes de este régimen, sino que ha alcanzado insólitos niveles de “desarrollo”. Pues, además de la extensión y modalidades, los mecanismos de encubrimiento y justificación no tienen parangón.
La cantidad de hechos de corrupción que han sido denunciados, los que comentan los propios chavistas o actores vinculados al gobierno, así como la súbita prosperidad, término que hace rato me facilito un viejo camarada y amigo, dan cuenta del surgimiento de una nueva burguesía, la boligarquía que controla el poder financiero nacional, así como el negocio petrolero. Es común el cuento de que fulano o mengano, alto cuadro de la “revolución”, pasó de ser un pela esfera a nuevo rico. Pero, en esto de la construcción del “hombre nuevo”, discúlpame Che, la democratización de la corrupción ha permitido, también, que muchos también tengan su momento de gloria, gracias a créditos que se conceden sin que se utilicen en lo que fueron solicitados, verbigracia las cooperativas, salvo honrosas excepciones. Casi cualquier proyecto, a cualquier nivel, se convierte en un negocio y el cuánto hay pa´ eso hoy está más de moda.
Pero, si la corrupción campea hoy de forma impune por la geografía nacional, un elemento que ha favorecido eso es la sumisión de los poderes públicos al poder ejecutivo. La ausencia de autonomía ha impedido: a) que la contraloría ejerza su función (que verdaderamente controle el gasto público); b) que la defensoría del pueblo y la fiscalía general velen por el respeto de los derechos constitucionales, por la verdadera defensa de los derechos del pueblo y no los intereses del gobierno; c) que la asamblea nacional y las demás instancias legislativas cumplan su rol, dejando de ser extensiones del poder ejecutivo. De allí que se hayan convertido en los mayores encubridores de la corrupción, pues están inhabilitados para emprender cualquier investigación, para establecer cualquier sanción, salvo que se trate de actores políticos vinculados con la oposición (así no sean culpables) o chavistas caídos en desgracia.
La descalificación y el hostigamiento a quien ose denunciar, así como la solidaridad automática de los jerarcas gubernamentales con los denunciados en nada se diferencia a lo que se hacía en el pasado, aunque bueno es recordar que, en la cuarta, hasta a un Presidente en ejercicio se condenó por corrupción, y eso no es para alegrarse, en el sentido de que si aquellos lo hicieron porque nosotros no, como algunos despachan este tema.
Que la corrupción sea un mal de todas las sociedades o, más bien, de buena parte de ellas, de buena parte de los gobiernos, es verdad, pero que ella sea bandera del gobierno de la “revolución” bolivariana, del “socialismo” del siglo XXI, es poco menos que vergonzoso para quienes, en nombre de históricos valores y baluartes de la revolución, han defraudado al pueblo venezolano, eso no es de revolucionarios…, como ven, a la final encontré el camino despejado para producir estas reflexiones, a las que ya les encontré el título.

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