LA HUELGA DE LEDEZMA

Hace años junto con un grupo de dirigentes estudiantiles participé en una huelga de hambre en el Tecnológico de Coro que duró 16 días. El motivo; a 56 bachilleres “flotantes” no les permitieron inscribirse porque no venían postulados por los partidos hegemónicos de entonces. Una lucha fundamentalmente reivindicativa, y aunque contenía algunos elementos políticos, los mismos no iban más allá del espacio universitario en el que se libraba.
En ese entonces, la justeza del método de lucha empleado no daba lugar a dudas entre los revolucionarios, entre la gente de izquierda que, para ese entonces, éramos calificados de “ultrosos”, también por la dirigencia de los partidos que hegemonizaban el proceso político venezolano. En modo alguno la iniciativa entrañaba la intención de dar un “golpe de Estado” a las autoridades universitarias, así como tampoco la generación de un foco de violencia (una “guarimba” de hoy día), sólo perseguía lograr algo elemental; hacer valer el derecho a la educación consagrado en la constitución nacional de entonces.
Una lucha parcial, reivindicativa como esa, ameritó el uso de un recurso de lucha como el de la huelga de hambre, en virtud de la posición extrema de desconocimiento a derechos fundamentales como el señalado, para favorecer a las parcialidades políticas que detentaban el poder. Claro, el liderazgo que ejercíamos sólo se extendía entre una porción de la comunidad universitaria y, más allá de eso, entre los pocos revolucionarios de otrora.
Disculpen que haya tocado mi experiencia en este tipo de lucha para introducir el tema, bueno que ya va bastante adelantado, de la huelga de hambre de Ledezma. Pero, vale para ejemplificar dos cosas: 1) La validez del método de la huelga de hambre en el caso de desconocimiento extremo a los derechos humanos fundamentales; y 2) la inversión de los roles entre quienes vulneran los derechos humanos y quienes lo defienden.
No puede calificarse como injusta e incorrecta la decisión tomada por el Alcalde Metropolitano de Caracas, si ella responde a una serie de atropellos orquestados de forma sistemática en contra de la institución que dirige…, aunque suene trillada la interrogante, valdría la pena preguntarse una vez más; ¿Sí hubiese resultado electo Aristóbulo se habría hecho lo mismo?, la respuesta es esa que está pensando… NO.
Un recuento rápido de algunas de las decisiones tomadas en contra de la Alcaldía Metropolitana, permiten dar cuenta de la eliminación de las competencias que tenía esta instancia sobre el manejo y operación de los hospitales, las escuelas, la seguridad ciudadana, el cuerpo de bomberos y la recolección de basura por ejemplo. Adicionalmente a ello, se le despoja de la sede donde venía funcionando la Alcaldía Metropolitana, se crea una nueva autoridad (que para nada figura en la Constitución), de golpe y dedazo, a la cual se le transfieren estas competencias y, adicionalmente se le ahoga financieramente al no transferir los recursos correspondientes al situado constitucional, generando una situación de malestar generalizado entre los empleados y trabajadores al servicio de este ente gubernamental quienes tienen meses sin cobrar. En pocas palabras; se le ha dado un golpe de Estado a una autoridad legal y legítimamente electa por, como también se ha insistido, más de 700 mil caraqueños, casi la misma cantidad de quienes eligieron al depuesto Zelaya en Honduras.
Frente a esto, que a todas luces constituyen flagrantes violaciones al estado de derecho venezolano, a los derechos humanos universales, el caradurísmo se impone de lado de quienes ejercen el gobierno nacional, apelando a los desgastados discursos y descalificaciones que, en la cuarta, se utilizaba para condenar las luchas justas emprendidas por miles de venezolanos; como la del cupo para los bachilleres flotantes.
La defensa del estado de derecho no es asunto de conveniencia, no es un asunto de posiciones, es un asunto de principios, especialmente de aquellos apegados al reconocimiento de los más sagrados y elementales derechos humanos que, en el ejercicio de gobierno han de observarse, para garantizar su más estricto cumplimiento, pues ello seguramente será lo que se espere en la circunstancia en que la correlación de fuerzas cambie y quien gobierne pase a ser oposición.
La huelga de hambre de Ledezma es un acto valiente frente a un Estado poderoso, devenido en partido político de gobierno, que ha de servir de estímulo para fortalecer las luchas por la construcción de una Venezuela Alternativa.

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