PARTIDOS POLITICOS Y SOCIEDAD CIVIL

En los últimos años, en los últimos meses, como he insistido en otros espacios, la unidad ha sido el llamado común esgrimido por quienes adversan al régimen. Desde los partidos políticos, casi en su totalidad, como desde la sociedad civil (organizada ó no), y en esta última están incluidos todos aquellos que no militan en partidos, es difícil encontrar alguien que desmerite la transcendencia histórica adquirida por la unidad en este momento. Pudiera afirmarse que, aun con ciertos matices, esta es una de las palabras más usadas en el discurso político de hoy día; unidad, incluso en seno del chavismo.
Es lógico que se perciba y se asuma a la unidad como táctica para derrotar al régimen, pues éste ha convertido al Estado en partido político de gobierno, desmontando todo viso de legalidad constitucional existente, administrando a discrecionalidad las leyes, en un esquema de concentración desmedida de poder, de ejercicio despótico del mismo, que ha hecho de la instigación al odio y de la exclusión sus banderas, amenazando de paso con perpetuarse en él bajo cualquier circunstancia.
Se trata pues de un adversario; el régimen, poderoso, que ha demostrado no tener escrúpulos para asegurar su hegemonía, que abusa del patrimonio público, creyendo que la eternidad en el ejercicio del gobierno exonerara a sus actores de cualquier sanción. Se ha comprendido entonces, que no se lucha contra cualquier régimen, y que las posibilidades de competir con éxito frente al poder del Estado pesuveco descansa en la unidad.
Aun con la presencia de una posición casi unánime acerca de que la unidad es necesaria, esta se presenta como un reto a alcanzar de forma perentoria, al menos de cara a las venideras confrontaciones políticas; como las elecciones, por ejemplo. Y la unidad va más allá del acuerdo al que pueda llegarse en la Mesa Unitaria Democrática que, aun con la presencia de visiones encontradas respecto del método para la escogencia de los candidatos, así como de la pertinencia de usar o no una tarjeta, terminara por entenderse, pues es clara la convicción existente entre los dirigentes de los partidos de presentar candidaturas unitarias, en cada circunscripción electoral, así como en las listas.
Pero, la dirigencia de los partidos y la mesa en su conjunto ha de abrir las puertas para que los actores políticos de la sociedad civil (organizada ó no), se incorporen de manera amplia y decidida al debate que en ella se libra, al proceso de construcción de la unidad, así como al desarrollo concreto de las actividades inherentes a las comisiones de esta instancia unitaria.
Cerrar la brecha que separa a los partidos políticos de aquellos ciudadanos que no militan en estos, es una tarea urgente. Es cierto; los partidos políticos han cometido una serie de errores, han sido poco eficientes en dar respuestas oportunas a los problemas que aquejan a la gente, no han logrado articular una propuesta alternativa que prenda en los venezolanos, entre otros elementos, pero, son los que tienen una formación política y una concepción del ejercicio del poder y, para utilizar una herramienta del mundo gerencial, su misión es la toma del poder. Pero, también es cierto que los ciudadanos, por su parte, aquellos que pertenecen a organizaciones no gubernamentales (ONG´s), tienen una visión más orientada por la naturaleza de las actividades que ejecutan; defensa de los derechos humanos, defensa de los presos políticos, derecho a la vida, transparencia en la gestión pública, que atiende a una parcialidad de la realidad venezolana, sin que se planteen en su misión la toma del poder, cosa que los ciudadanos no organizados tampoco se plantean, aunque la anhelen y su aporte sea determinante para ello.
Cada uno de estos actores, de la escena política venezolana, es fundamental para edificar una poderosa alternativa unitaria de cambio, correspondiéndole a los primeros liderar el proceso conducente a darle viabilidad a ello, convirtiéndose en los propulsores de la más amplia unidad, lo cual pasa por entender que han de ser facilitadores de ella, sin reservas, sin celos, con alto sentido de desprendimiento patriótico, pues de lo que se trata hoy día es de salvar al país de este régimen ineficiente y despótico. A la sociedad civil, del otro lado, le corresponde dar sus mejores aportes para fortalecer la opción política alternativa y a las organizaciones políticas del campo democrático.
Avanzar en esta dirección permitirá atenuar las posiciones antipartido que hayan tomado cuerpo nuevamente, tal como ha ocurrido en la historia política reciente venezolana, generando confrontaciones, como las que se libran hoy en torno a temas como el del método y la tarjeta única, que lejos de favorecer las posibilidades de cambio democrático, alimentan el apoliticismo y dificultan el proceso de la unidad. El adversario a derrotar es uno sólo y para ello la oposición venezolana también ha de ser una sola.

Comments

Anonymous said…
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